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Expectation vs. Reality – Expectativas vs. Realidad


Laura Bubar, an art teacher from Maine,U.S.A worked as a volunteer for five weeks with us, here are some of her thoughts on the experience…

Any time we begin a journey or step out and take a risk, we have expectations. We make assumptions about what that journey will look like or what the consequences of that risk will be. I entered a journey here in El Salvador five weeks ago and despite my best efforts to make no assumptions, I had formed expectations for my journey. Two years ago, while researching ministries in El Salvador, I came across the website for Mission To El Salvador. My cautious heart then followed their work (from a safe distance) for the next two years, reading this very blog, and watching to see the work God was doing through His people in El Salvador. I would like to share a little from each part of the ministry that I experienced through the lens of my former expectations.

Driving to the MTES office from the airport, my expectations were instantly confronted with realities that I couldn’t have anticipated. I had done a fair amount of research about El Salvador and its problems with the government, poverty, drug addiction and gang influence. What I didn’t expect was that every building in the capital city, San Salvador, would be topped with razorwire and that neighborhoods are often gated and protected by armed guards. I couldn’t imagine that children on the street would start using drugs at the same age I was still playing with dolls. In my hometown, poverty leads people to shelters and soup kitchens for care. Here, it can leave men, women, and children sleeping under awnings and waiting days with an empty stomach.

The first day I arrived I was able to witness part of the MTES program, Proyecto El Faro (The Lighthouse Project). From my research, I knew that this was the mission’s service to the homeless community, so my expectations were pretty simple: that the program would provide the base needs of shelter and a meal twice a week for its clients. The reality of the physical, social and spiritual needs being met here amazed me. Physical: Showers, clean clothes, haircuts and a meal are provided, restoring clients’ dignity and comfort. Social: The clients are welcomed into a safe environment where games are played, conversations begin and relationships are built. Spiritual: During each gathering, clients are given a message of hope and freedom through Jesus from their poverty and addiction. They learn about practical opportunities through El Faro to further build community through a Bible study group or how they can earn an income in one of the MTES microenterprises. These are all the beginning steps of a life free from poverty.

One area I was so excited to see in action was New Dawn, the MTES program for minors recovering from addictions. I have participated in secular day programs for addicted teens before, but I knew that this program had just changed from a drop-in day center to a residential rehabilitation program. What I expected was a safe environment and community for recovering teens, but the reality was more than I could have ever dreamed. The young men in the program have been given intensive, structured support for their initial detox. All the proper medical and psychological support they need is provided to heal their addictions. As their bodies acclimate to these changes, they are welcomed into the community and family of the mentors and staff in the program. I was incredibly fortunate to be a part of this program since I was able to help with the boys’ art therapy sessions. Knowing these young gentlemen and seeing a small part of their recovery journey has been an inspiration. They are strong, brave and resilient. As they continue to grow and heal, the staff begin to work with their families at home to support and encourage as they create a better environment for their child to return to. Every step of the way, they are guided and they are loved. The choices they make after the program will be their own, but in a country where opportunities are few, these young people are given the greatest hope and opportunity to grow.

One of the reasons I chose to join MTES was that each blog and Facebook post I read showed the mission and its people loving people the way Christ loved people. This was my greatest expectation before my trip began. I could only see a brief snapshot before, but I hoped that being here would reveal those snapshots to be true. The reality… those snapshots only showed a fraction of the faithful hearts at work in this mission every single day. These brothers and sisters serve without question, love people that others turn away from and work tirelessly to create lasting change. Sometimes the realities that confront our expectations are heartbreaking. Sometimes the realities are beautiful. This country and this mission are filled with both. A funny phrase and a valuable lesson from the last five weeks: Expect… the unexpected.

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Art class with some of our clients in the food co-op! 

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Laura Bubar, una maestra de arte de Maine, EEUU trabajo como voluntaria por 5 semanas con nosotros, aquí estan algunos de sus pensamientos sobre su experiencia…

En cualquier ocasión que comenzamos un viaje o damos un pase y tomamos un riesgo tenemos expectativas. Asumimos algunas cosas sobre cómo será ese viaje o cuáles serán las consecuencias de tomar ese riesgo. Yo inicié un viaje aquí en El Salvador hace 5 semanas y a pesar de mis mejores esfuerzos por no asumir nada, sí tenía expectativas sobre mi viaje. Hace dos años encontré el sitio web de Mission To El Salvador y mi corazón precavido siguió su trabajo (desde una distancia segura) por dos años, leyendo este mismo blog y viendo cómo Dios obraba a través de Su gente en El Salvador. Me gustaría compartir un poco sobre cada parte del ministerio que pude experimentar a través de mis expectativas anteriores.

En el camino del aeropuerto a las oficinas de MTES mis expectativas fueron confrontadas instantáneamente con realidades que yo no podría haber anticipado. Había investigado bastante sobre El Salvador y sus problemas con el gobierno, la pobreza, cuestiones de adicciones y la influencia de pandillas. Lo que no me esperaba es que cada edificio en la capital, San Salvador, estaría rodeado de alambre de púas y que los vecindarios muchas veces son cerrados con portones y protegidos por guardias armados. No podía haberme imaginado que los niños en la calle comienzan a usar drogas a la misma edad en que yo estaba jugando con muñecas. De donde yo vengo la pobreza lleva a la gente a refugios para obtener cierto cuidado. Aquí la pobreza deja a hombres, mujeres y niños viviendo debajo de toldos y esperando por comida con el estómago vacío.

El primer día que llegué pude ser testigo de un poco de los programas de MTES con Proyecto El Faro. Como resultado de mi investigación, sabía que esta era servicio para la comunidad de gente sin hogar, así que mis expectativas eran muy simples: que el programa proveería las necesidades básicas de ofrecer refugio y una comida dos veces por semana a sus clientes. La realidad de las necesidades físicas, sociales y espirituales tratando de ser suplidas aquí me asombró. Físicas: ofrecen tomar una ducha, ropa limpia, ofrecer cortes de pelo y una comida, restaurando así la dignidad de los clientes y ofreciéndoles un poco de comodidad. En lo social: los clientes son bienvenidos a un ambiente seguro donde hay juegos de mesa, comienzan las conversaciones y se construyen relaciones. En lo espiritual: durante cada reunión, a los clientes se les comparte un mensaje de esperanza y libertad de sus adicciones y pobreza a través de Jesús. Los clientes son expuestos a oportunidades prácticas a través de El Faro para continuar construyendo relaciones en su grupo de estudio bíblico o cómo pueden comenzar a ganar su propio dinero en una de las micro-empresas de MTES. Todos estos son los pasos iniciales para una vida libre de la pobreza.

Un área que me entusiasmaba mucho ver en acción era Un Nuevo Amanecer, el programa de MTES para menores de edad en rehabilitación de sus adicciones. Yo he colaborado en programas seculares de día para adolescentes con adicciones, pero sabía que este programa había cambiado de ser uno ambulatorio a uno residencial. Lo que yo esperaba era un ambiente seguro donde se propiciara el tener comunidad con los jóvenes en recuperación, pero la realidad fue mucho más de lo que pude haber soñado. Los 5 jóvenes en el programa han recibido apoyo intensivo y estructurado para su desintoxicación inicial. Todo el apoyo adecuado médico y psicológico que necesitan es provisto para sanar sus adicciones. Mientras sus cuerpos se aclimatan a estos cambios, ellos se sienten bienvenidos en la familia que forman los mentores y el personal del programa. Fui increíblemente afortunada de ser parte de este programa, ya que pude colaborar con las sesiones de arte-terapia de los chicos. Viendo a estos jóvenes y una pequeña parte de su viaje de recuperación fue una inspiración. Ellos son fuertes, valientes y resilentes. Mientras continúan creciendo y sanando, el personal trabaja también con sus familias para apoyarlas y animarlas para crear un mejor ambiente para cando su hijo regrese a casa. En cada paso del camino, ellos son guiados y amados. Las decisiones que tomen después del programa serán sus decisiones, pero en un país donde a veces las oportunidades son pocas, estos chicos reciben la esperanza y oportunidad más grandes para crecer.

Una de las razones por las que yo elegí unirme a MTES fue cada blog y post de facebook que leí, ya que mostraba la misión y su gente amando a gente de la forma en que Jesús amaba a la gente. Esta fue la expectativa más grande antes que mi viaje comenzara. Sólo pude ver una breve imagen antes, pero yo esperaba que estar aquí me revelaría que esas imágenes eran ciertas. Esas realidades sólo mostraban una fracción de los corazones fieles trabajando en esta misión cada día. Estos hermanos y hermanas sirven sin preguntárselo, aman a las personas que otros rechazan y trabajan incansablemente para crear un cambio que perdure. A veces las realidades que confrontan nuestras expectativas pueden rompernos el corazón. A veces las realidades son hermosas. Este país y esta misión están llenas de los dos. Una frase graciosa y una lección valiosa de estas 5 semanas: ¡Espera lo inesperado!

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Clase de arte con algunos clientes de la cooperativa! 

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