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Bandera

This past January 16th, El Salvador celebrated 25 years since Peace Accords were signed to end a brutal civil war. That same week a piece of art went on display in MARTE, El Salvador’s art museum, to celebrate the anniversary. The piece of art quite literally laid out the still fought for peace that so many long for. That artist’s name is Carmen Elena Trigueros and her piece is called simply Bandera, meaning “flag.”

I recently chaperoned a field trip with my daughter’s class and Bandera was one of the pieces featured by the guide. When I saw Bandera I stood there small, struck by the beauty of the piece and the enormity of the task spilling out across the floor.

The flag was white and long and stretched up into the sky. It was stitched and pieced together, a construction of strands and threads and fabrics pulled into an elegant symbol of ceasefire…of the end of war…of peace.

After the war, El Salvador was left scarred and longing for true peace. Since that declaration, El Salvador has strained and worked to build something that would last, but the work is not yet done. As I stood there, silent,  I felt the beauty of that white flag pulling me in.

We all must be pulled in to construct a peace that is collective, that is held and waved by all. The flag spoke to me of the flavors and textures of this land coming together to make something that will carry them up past the pain and scars.

I looked at that flag flowing across the ground and then raised my eyes up, the scale of the process pressing into my mind. This is the process that I have been called to step into. This is why I am here. I may come as an outsider, but now that I am here, I am part of this. I have found a space, a piece of fabric that I can bring to be stitched in to the transformation of this land.

The scars are not healed, and that can be seen in some of the threads in the flag. There are wounds that still weep, there is injustice that lingers and there is still pain and despair hanging heavy over El Salvador’s streets.

But the story is not yet done. There is possibility around that dark corner, and there is hope. There is growth, and new things are being done. There is peace woven into the songs and the art, and the faces I see around me every day. I count it a privilege to see this, and to know this.

Peace is not something that can be made by just one person, but it can be shared in families, and in communities. It can be spoken and spread, and it can touch this land. I thank God that he has called me into this process, I thank him that I can join hands and voices with my Salvadoran brothers and sisters to declare that war and pain do not have the last words here. I thank him that I have the opportunity to take up a needle, and to take up the thread, and to begin to stitch.

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Este pasado 16 de enero, El Salvador celebró 25 años de la firma de los Acuerdos de Paz buscando dar fin a una brutal guerra civil. Esa misma semana se exhibió una pieza de arte para celebrar el aniversario en MARTE, un museo de arte en el país. Esa pieza de arte que literalmente simboliza la paz que tanto anhelan. El nombre de la artista es Carmen Elena Trigueros y su pieza se llama simplemente “Bandera”.

Recientemente, acompañé a mi hija a una excursión de su colegio y la “Bandera” fue una de las piezas de las que habló el guía. Cuando vi la “Bandera” me sentí pequeña, golpeada por la belleza de la pieza y la enormidad de la tarea que yacía en el piso.

La Bandera era blanca y larga, se extendía hasta el cielo. Fue cosida y ensamblada. Una construcción de hilos y telas se unían elegantemente como un símbolo de cese al fuego…, de el fin de la guerra…, de paz.

Después de la guerra El Salvador quedó marcado con una cicatriz y anhelando la verdadera paz. Desde esa declaración El Salvador ha trabajado y se ha esforzado para construir algo que dure, pero el trabajo aún no termina. Mientras estaba parada allí en silencio, frente a esa blanca bandera sentí cómo la belleza de la bandera me atraía.

Todos deberíamos sentirnos atraídos a construir una paz que sea colectiva, que sea sostenida y ondeada por nosotros. La Bandera me habló de los sabores y las texturas de esta tierra mezclándose para hacer algo que la elevará por encima del pasado, el dolor y las cicatrices.

Miré la Bandera agitándose sobre el piso y luego elevé mis ojos, mientras la escala del proceso pasaba por mi mente. Este es el proceso al cual he sido llamada. Esto es por lo que estoy aquí. Tal vez estoy aquí como una extranjera, pero ahora que estoy aquí, ¡soy parte de esto! He encontrado un espacio, un pedazo de tela que puedo aportar para ser “cosido” en la transformación de esta tierra.

Las cicatrices no están sanadas y éso puede apreciarse en algunas de las piezas de la Bandera. Hay heridas que aún lloran, hay injusticia que permanece y aún hay dolor y desesperación que se percibe en gran manera en las calles de El Salvador.

Pero la historia aún no termina. Aún existe la posibilidad al cruzar esa oscura esquina, y aún hay esperanza. Hay crecimiento y cosas nuevas están siendo hechas. Hay paz entretejida en las canciones y el arte, y en los rostros que veo alrededor mío todos los días. Creo que es un privilegio ser testigo de ésto y saberlo.

La paz no es algo que puede ser logrado por una sola persona, pero puede ser compartida en las familias y en las comunidades. Puede ser algo de lo que se hable y se expanda hasta que su toque alcance esta tierra. Le doy gracias a Dios por llamarme a este proceso; le doy gracias por poder unir manos y voces con mis hermanos salvadoreños para declarar que la guerra y el dolor no tienen la última palabra aquí. Le doy gracias a Él por tener la oportunidad de tomar una aguja, el hilo y comenzar a coser.

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